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CONGRESISTA YO.

Teniendo como escenario una elección congresal en menos de tres meses, todos los círculos de conversación formal e informal hablan de la posibilidad de postular como congresista. Por qué no, dicen muchos, es tu oportunidad, aseguran otros, yo te apoyo, declaran diferentes personas. Pero para hacer esto es necesario o ser invitado por un partido político o formar parte de uno de ellos. En ambos casos van a necesitar algo de recursos y mucha imaginación para cubrir gastos de campaña. Ojalá no sea bajo un contexto en donde se hagan sumas y restas financieras, como hace poco un “orejón” dejó entrever, dejando de lado el compromiso por el país.


Es momento de cambiar la historia política de este país y esa capacidad lo tenemos todos, no postulando necesariamente, sino haciendo que cada uno de los ciudadanos de este país, reflexione sobre un voto responsable y evitarnos así mismo un largo periodo de lamentaciones personales y colectivas.



Teniendo en cuenta la clase política que hemos tenido, hace falta algunas cualidades personales para asumir tan importante cargo congresal. Por ejemplo los candidatos deben tener: integridad, coherencia y sobre todo vocación de servicio, pero no discursiva o teórica, sino concreta y de manera ininterrumpida.



Evaluar eso es hurgar en la historia personal de cada candidato y tener la posibilidad de eliminarlo públicamente haciendo comentarios en redes o en círculos familiares cuando el candidato no sea la mejor opción para el país.



Según la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) para ser congresista es necesario ser peruano de nacimiento, haber cumplido veinticinco años, gozar del derecho de sufragio y estar inscrito en el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil.



Si bien la ley no obliga a tener otros requisitos, la ciudadanía debe exigir algunas cosas adicionales como saber cuáles serán sus líneas estratégicas, debatir ideas y proyectos de manera pública, tener una formación académica verificable, contar con experiencia en la administración pública o privada, no tener sentencia o proceso judicial por delitos de agresión física, terrorismo, corrupción o actos relacionados a ello, hacerse voluntariamente pruebas toxicológica y psicológica, presentar una declaración jurada de ingresos y bienes muebles e inmuebles. Estas exigencias ciudadanas son planteadas por un escritor prolijo e irreverente como mi amigo Jean Pierre Bravo Zapata.



Pero no hace falta algo más. En las circunstancias en que vivimos, es necesario también confiar en la intuición, especialmente en el plazo más inmediato. A largo plazo, será la ciudadanía en su conjunto la que examine mejor a cada candidato, claro está, si se fortalece las cualidades ciudadanas y para que ello ocurra es necesario invertir mucho en educación.



Es tiempo de invertir.



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