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DONACIÓN DE ÓRGANOS: UN TEMA CULTURAL O EDUCATIVO



Acudir a los hospitales por alguna emergencia resulta siempre traumático, sobre todo si son establecimientos públicos, un problema que no es reciente y que lamentablemente no se ha podido mejorar en la calidad del servicio en casi doscientos años de vida republicana.

En los hospitales podemos encontrar pacientes de todas las edades y nacionalidades, quienes buscan atención para diversas dolencias y enfermedades. Los más dramáticos son aquellos que no cuentan con parientes ni recursos para afrontar su desplazamiento o tratamiento médico. Sin embargo, un punto aparte merecen aquellas personas que para su recuperación necesitan un donante de órgano.

Al respecto es necesario hacer una odiosa comparación. En Holanda todos los ciudadanos mayores de dieciocho años están obligados a donar automáticamente sus órganos y quien no desee puede dejar constancia de su negativa por escrito. El propósito fue reducir la escasez de órganos para trasplantes.

Esta ley holandesa causó polémica por considerarse que se lesionaba el derecho de las personas. Si bien esta ley fue modificada y en lugar de colocar sí o no, ahora se coloca “no se opone”, son los familiares quienes tienen la última palabra. El espíritu de esta ley es más antigua en España, en donde todos los ciudadanos son considerados donantes a no ser que expresen lo contrario, aunque finalmente la familia puede decidir en caso alguna controversia o duda. Similar procedimiento se aplica en Francia, Bélgica, Portugal, Noruega, Croacia, Austria, entre otros.

En el caso peruano la situación es al revés, pues es el ciudadano quien debe expresar si desea donar sus órganos o no, aunque una vez fallecido, los familiares pueden decir si dona los órganos o no. Esta situación ha hecho que el Perú sea uno de los países con menos donantes no solo en América Latina, sino también en el mundo.

La Dirección General de Donaciones del Perú arroja una estadística dramática: solo dos de cada millón de habitantes dona sus órganos, lo que significa que anualmente se puedan hacer sesenta y dos trasplantes. La situación se vuelve más conmovedora cuando los familiares del fallecido se oponen a donar los órganos aun teniendo consentimiento del difunto.

Que nos falta para ser más sensible para donar órganos como el riñón, hígado, corazón, pulmón y páncreas, sin mencionar tejidos, córneas y huesos. Una persona fallecida puede salvar la vida de más de diez personas y eso debe ser una meta que debe estar en nuestra agenda de vida, pues debemos ser útiles hasta después de muertos.


Escrito por: Santiago Tácunan Bonifacio

Imagen: http://acodet.org/donar-organos-acto-corazon/

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