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LIBROS, IMPUESTOS Y OTRAS REFLEXIONES EN TORNO A LA LECTURA

Gracias aún Decreto de Urgencia Extraordinario dado por el actual gobierno, se extiende por un año más la exoneración del impuesto General a las Ventas (IGV) a la importación y venta de los libros y otros productos editoriales en el país. Una norma muy esperada no solo por las editoriales, sino también por todas aquellas personas vinculadas a la cadena de producción del libro (vendedores, imprentas, feriantes, promotores de lectura, cuenta cuentos, escritores, ilustradores, etc.). Una norma que tiene también muchos críticos, pues consideran que los precios de los libros aún resultan muy costosos y donde ciertos sectores de la población todavía no acceden por cuestiones económicas y/o por hábitos de consumo.



La norma resulta importante, pero también es necesario que las editoriales puedan valorar más el trabajo de investigación y creatividad, así como la producción de contenido y textos de cientos y miles de autores y escritores, que por lo general no reciben una retribución justa por su trabajo.



Paralelamente es necesario fortalecer aún más el acceso al libro, a través de un sistema de gestión de accesibilidad universal. Aquí son indispensables las bibliotecas o todo tipo de infraestructura cultural que permita desarrollar diversas actividades vinculadas a la lectura.



Por ley, todas las municipalidades pueden y deben promover actividades de fomento de lectura, más aun desde el 2016, año en que cada gobierno local construyó su Plan Municipal del Libro y la Lectura, un documento de gestión pública que traza las principales líneas estratégicas para desarrollar actividades en ese sentido. Sin embargo, muy pocas la ejecutan y en el peor de los casos, algunas municipalidades solo elevan informes a la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura, con actividades que nunca se realizaron o fueron ejecutadas sin tener en cuenta una política pública sostenida. Seguro que este defecto será superado.



En este déficit de infraestructura cultural que incluye museos, bibliotecas, salas de lectura públicas, zonas de interpretación arqueológica o medioambiental, así como teatros y centros de formación cultural, resulta importante el impulso que vienen desarrollando la sociedad civil organizada y diversos colectivos culturales, quienes vienen promoviendo bibliotecas comunales que son en su mayoría autosostenibles y que gozan de una considerable concurrencia y programación cultural.



Es momento que todos apoyemos las iniciativas culturales, especialmente de aquellas vinculadas con el libro y la lectura, sobre todo de aquellas promovidas desde los ámbitos municipales. Sería muy importante que todas las municipalidades de cara al Bicentenario puedan inaugurar una biblioteca o sala de lectura. Ellos tienen la palabra.



No hay que olvidar que este Decreto de Urgencia Extraordinario trae consigo también una inversión adicional para promover diversas actividades y concursos de fomento de la lectura y el libro, que junto al anuncio del equipamiento de bibliotecas escolares, resulta fundamental ir preparando perfiles de proyectos para acceder a esos incentivos e inversiones anunciadas, sin dejar de gestionar la inversión privada.



Todos tenemos la palabra.

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