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NI ÁNGEL NI DEMONIO


Próximos a cumplir doscientos años de vida republicana resulta penoso recordar el desarrollo político que el Perú ha tenido que presenciar. Cinco de los últimos ex presidentes sentenciados, presos, detenidos de manera preventiva, con orden de extradición, con arresto domiciliario, etc. Junto a ellos podría mencionar diversos casos sonados de cuestionamientos, acusaciones y sentencias judiciales a congresistas, gobernadores, alcaldes provinciales y distritales. En conclusión un desmadre político que repliega el interés de muchas personas de participar en política, aunque el escenario debería impulsar un efecto contrario si se tiene la idea de cambiar esta situación.

En la historia del Perú se ha registrado el asesinato de mandatarios. Tal es el caso de José Balta, Manuel Pardo y Luis Miguel Sánchez Cerro. Este último asesinado por Abelardo Leiva, supuesto simpatizante aprista, en el hipódromo Santa Beatriz.

Nunca se ha había registrado el suicidio de un expresidente. El caso más cercano ocurrió en Chile con José Manuel Balmaceda y no mencionamos el de Salvador Allende, pues todo conduce a que esa versión no tiene sustento. Pero la lista es larga: en Brasil tenemos el caso de Getulio Vargas, en Cuba el de Osvaldo Dorticós Torrado, en República Dominicana a Antonio Guzmán Fernández, en Corea del Sur a Roh Moo-hyun, en Alemania a Adolf Hitler, entre otros.

Algunos de ellos tomaron esta determinación al estar investigados por casos de corrupción, ante inminente derrota militar o tratando de dar fin a una penosa agonía por causa de una enfermedad o depresión profunda por la muerte de algún familiar cercano.

El caso de Alan García es inédito y marca el final de una vida política llena de cuestionamientos que a nivel judicial no ha podido ser probado por alguna interferencia subalterna, mala pericia fiscal o porque pudo desarrollar una buena estrategia de ilegalidad. Aunque resulta anecdótico saber que algunos de sus funcionarios, ministros y gente de confianza, han sido sentenciados por diversos casos de corrupción.

Es preciso recordar que las acusaciones contra García Pérez no han sido sometidas por las cortes judiciales, pues sus casos prescribieron y como tal todo queda en presunción.

Ahora muerto, detractores y seguidores abrirán una serie de debates que dará mucho para la especulación y lejos quedará la investigación judicial, pues ante la muerte del acusado, todo proceso legal finaliza, pero no para los coacusados, quienes tendrán que afrontar los serios cuestionamientos ante los indicios provenientes de Brasil.

Esperamos que este caso tildado de cobardía y/o valentía por tirios y troyanos, no sea ejemplo para los otros ex presidentes cuestionados.


ESCRITO POR:Santiago Tacunan Bonifacio

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